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	<title>29A.Laβs &#187; Relato</title>
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	<description>no somos lo que debimos haber sido, pero acá estamos</description>
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		<title>Así se nos enseña</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Oct 2009 19:18:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>reiterstahl</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relato]]></category>
		<category><![CDATA[educacación]]></category>
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		<category><![CDATA[negación]]></category>

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		<description><![CDATA[«La felicidad real siempre aparece escuálida en comparación con las compensaciones que ofrece la desdicha»¹
—Aldous Huxley
Brave New World




La conducta no ha debido ser lo que se dice ejemplar; de haber sido este el caso, la reprimenda —bien trocada por halago— no vendría a herir el lóbulo de mi mancillada ojera derecha —que aún tan poco [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right; "><strong>«La felicidad real siempre aparece escuálida en comparación con las compensaciones que ofrece la desdicha»</strong><a title="29A.Laβs | Cita: La Felicidad" href="http://29a.site88.net/2009/01/cita-la-felicidad/">¹<br />
</a>—Aldous Huxley<br />
<em>Brave New World</em></p>
<p style="text-align: justify; "><span style="color: #ffffff;"><br />
</span></p>
<p style="text-align: justify; ">
<p><img class="size-full wp-image-979 alignleft" title="Le tableau de Raoul Hausmann (1886-1971): DaDa-Cino" src="http://29a.site88.net/wp-content/uploads/2009/10/dada-cino.jpg" alt="Le tableau de Raoul Hausmann (1886-1971): DaDa-Cino" width="200" height="274" /></p>
<p>La conducta no ha debido ser lo que se dice ejemplar; de haber sido este el caso, la reprimenda —bien trocada por halago— no vendría a herir el lóbulo de mi mancillada ojera derecha —que aún tan <em>poco</em> agraciada parte de nuestra anatomía guarda su honor—. Si mal no recuerdo, que recordar mal es mis peores vicios, el detonante de mi desgracia —la terminología épica siempre me ha atraído— fue el no poder, ni querer, aplazar la amena e ingenua plática matutina hasta el primer mal llamado espacio de recreo. La cosa es, en pocas palabras y sin más detalle, que hablé en clase —talvez un poco más alto de lo debido y permitido— y que el agudísimo oído de la dulcemente llamada <em>Niña</em>, bien conocida tirana, dadora de justicia y repartidora de sapiencia, percibió con celeridad e ira mis muestras de temprana irreverencia; con todo lo cual, acorde a la <em>instrucción clásica</em>, con la que —por dicha o desdicha— se me educó, concluyó en el aludido <em>jalón de oreja</em> (o de orejas, que pensándolo bien, la izquierda igual o más sufrió).</p>
<p>Tan poco agraciado relato, de tan poca agraciada cuestión, tiene su claro y explicable motivo: ¿Cómo es que se le castiga el ser humano por algo que la sociedad misma le ha enseñado a hacer?<br />
Recuerdo aún mis no tan lejanos años mozos de escolar donde, ataviado con el uniforme de rigor —que sobresalir, o querer hacerlo, era síntoma de rebeldía—, se me satirizaba desde el vil escritorio por mis algo desfasados minutos de convivio. Bien sabido es por mi, y negándolo sólo conseguiría errar fuerte, que la poca <em>melodiosidad</em> de mi voz, más allá de generar posibles momentos de paz angelical —si es que la figura explica lo que la realidad no demuestra— en mis circundantes compañeros, podría llegar a molestarlos, des-concentrarlos, enajenarlos, enloquecerlos o hasta —problema grave— incitarlos a tomar mi determinación. Por lo anterior era que los ciclos de vocalización se caracterizaban por efímeros y puntuales; del tipo «viste a la nueva compañera…» y casi con inmaculada periodicidad dichos en susurro. No obstante, era suficiente para causar desestabilización.</p>
<p>No he podido, asimismo, olvidar las típicas reprimendas paternas p<em>ost-reunión-entrega-de-notas</em>: <em>«Buen muchacho y aplicado, pero habla mucho en clase»</em> y sus ulteriores modificaciones que comenzaron en <em>«mantiene el rendimiento y ya habla menos»</em> y concluyeron en un <em>«excelente alumno</em> [el término excelencia jamás fue bien concebido por los amigos del conocimiento] <em>y ya no habla»</em>… pues, créalo o no, los constantes regaños y jalones de orejas —que por suerte el maíz en las rodillas y la regla en los nudillos no llegó a traumar mi infancia— logran amansar a casi cualquiera.</p>
<p style="text-align: right; "><span id="more-946"></span></p>
<h2 style="text-align: center; ">•••</h2>
<p>Lo más curiosos fue el día en que, llegado a la universidad y en mi primera clase, a los veinte minutos de comunicación y lenguaje, la profesora no podía dejarse de sorprender por lo callados que casi todo éramos (que privilegiados, hijos de la ventura, siempre quedarán) a la vez que, sin mucha dificultad ni consideración por los últimos once años de sometida instrucción, nos aconsejaba de muy buena manera<em> convertirnos</em> de la noche al día en el escuadrón de adolescentes universitarios temerosos más participativo de toda la historia. Jamás podré guardar rencor alguno por la susodicha profesora ni por sus consejos; sin embargo, lo absurdo de la situación me hace llegar a pensar: ¿cuál es la clase de sociedad que se <em>preocupa</em> por hacernos educar? O más difícil todavía ¿cuándo se desvanece la sutil línea que separa la educación del sometimiento?</p>
<p>El presente texto, de un modo muy somero y sólo limitado por el factor espacio, tendrá por objeto estudiar las dos anteriores preguntas y, quizá —sí la suerte o El Hado nos favorecen— darle respuesta por lo menos a una de ellas. El texto siguiente girará en torno a dos obras de especial importancia, importancia personal aclaro. La primera, creación insigne y prodigiosa del maestro de lo aparentemente inconexo, Aldous Huxley, <a title="Wikipedia: Brave New World (Un Mundo Feliz)" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Un_mundo_feliz">Brave New World</a> (Un Mundo Feliz). Obra que versaba sobre la aparente —soy poco rígido— mecanización del cuerpo social, sobre un real-potencial futuro donde el hombre no será más que un sencillo engranaje dentro del sistema total… con un dato algo improbable —por no decir que absurdo—: la incorporación de un<em> Señor Salvaje</em> —quizá hombre común de la <em>época huxley</em>— que viene a romper con los paradigmas de normalidad propuestos en ese mundo narrado, ese <em>Mundo Feliz</em>. Y la segunda, que no podría decir lo mismo de insigne y prodigiosa como sí algo convulsa y particularmente atrayente, <a title="Wikipedia: One Flew Over the Cuckoo's Nest" href="http://es.wikipedia.org/wiki/One_Flew_Over_the_Cuckoo's_Nest">Atrapado Sin Salida</a>; filme no muy actual en producción pero sí mucho en interés común, obra en la cual se nos enseña que el más cuerdo de todos puede, en ésta y otras épocas, llegar a ser considerado como el más innegable psicópata —en confianza, para evitar <em>imprecisiones categóricas</em>, loco—.</p>
<p>No es mi objetivo narrar o estudiar la serie de acontecimientos que dan vida y forman a cualquiera de las dos obras, sino más bien demostrar, a partir de ideas clave en torno a éstas, que el proceso represivo del hombre social contra el hombre social, mi bien/mal llamada <a title="29A.Laβs: La Negación del Ser" href="http://29a.site88.net/2009/01/la-negacion-del-ser/">negación del ser</a> (el no resulta ser represivo), podría alcanzar puntos críticos de ejecución pragmática.</p>
<h2 style="text-align: center; ">•••</h2>
<p>Con gran pesar, que este tipo de situaciones siempre hieren, y circunscribiendo el estudio a la situación propia de éste mi país, debo señalar que tal<em> problema</em> se propicia desde la más temprana educación institucionalizada —que para dicha de algunos, las corrientes del pensamiento no llegan a todos por igual.</p>
<p>En cualquier caso, el <em>problema </em>—hablamos de la domesticación/negación— latente en la instrucción de ciudadanos serios y responsables no es cuestión de poco cuidado. Vemos así como muchos, no más entrando en un nuevo y desconocido sistema educativo, dan de lleno con una metodología pedagógica inflexible y hasta un poco cruenta, donde las diferencias comunes entre uno y otro —eje principal de los procesos creativos y del pensamiento crítico— no resultan más que motivo de vergüenza para el incriminado, vilmente y para su desgracia —comúnmente— sin capacidad dialéctica elevada; —no mucho, que el sujeto con el que se departirá no es exactamente un genio declarado— que las sutiles muestras de defensa se toman por irreverencia y castigan con golpe en la boca, según algunos padres; que le hiciera poder alcanzar consenso con su designado maestro.</p>
<p>Es de esta forma que la educación, tal como el sentimiento de imperturbabilidad que cita Huxley —el mismo que nos dice, a nosotros y a ellos, seres ficticios, las normas de comportamiento social que deberemos seguir—, nos va achicando el pensamiento y cerrando los horizontes de un porvenir libre y auto-controlado (al menos en parte). Sépase que no guardo ningún tipo de rencor contra cualesquiese instituciones educativas dedicadas a formar ciudadanos, ni que será jamás mi finalidad promover proceso anarquizante alguno desde las raíces mismas del conocimiento, ¡No! La esencia del complejo, y por primera vez en mi vida me detengo para analizarlo, finca en la metodología opresivo-estrechista que se usa para educar.</p>
<p>Si éste fuese <em>un mundo feliz</em>, centrado en el común aplacamiento de las ideas, los procesos pedagógicos actuales podrían servir; pero en un mundo tan precisado de ingenio e ideas, la situación cambia. No quiero yo sugerir, ni me creo en la facilidad de hacerlo, una solución global al problema propuesto —que por otro lado, gente más versada podrá citar— sino trato de demostrar como la educación, tal cual está ahora, no prepara realmente al estudiante para enfrentar la vida en frío, tal como me gusta.</p>
<h2 style="text-align: center; ">•••</h2>
<p>El jalón de orejas se perdona y olvida —que tan grave no fue— pero la contrariedad ante esto perdura por muchos años más. No seré el más apto para afirmarlo, pero la letra con sangre sólo entra por períodos cortos. El castigo físico y verbal, si bien medio para generar disciplina y obediencia, no desarrollan por lo general otras virtudes poco más enaltecientes. No trato de aplacar la importancia de la disciplina, que por otro lado constituye uno de los procesos recurrentes de mayor provecho para el hombre; únicamente considero que la disciplina que castiga y extingue iniciativas conduce, comúnmente, a una des-sensibilización del hombre como ser pensante, llevándolo por fuerza a una condición poco más que controlada y, curiosamente, poco menos que perceptible: el ser humano como parte del conglomerado, no como individuo. Idéntica situación a la citada por Huxley, sólo que un poco más real.</p>
<p>Al tanto decía Adolf Hitler en su <em>Mein Kampf</em> —y dicha alusión, acepto, no resulta más que antojadiza y hasta un poco innecesaria… para algunos— que <em>«la obediencia pasiva y la fe infantil constituyen el peor de los males que es posible imaginar»</em>. Aún siendo un hombre, talvez, corrompido por su propio sistema —o quizá sólo desentendido por los demás, que no trato de estigmatizar a nadie— la frase, célebre para mi y recordada para la ocasión, nos explica exactamente por que vemos con tan malos ojos a su persona y tratamos de negar cualquier verdad que pudiese salir de sus algo torcidos ideales (no muestro, valga la aclaración, verdades absolutas). La obediencia pasiva, junto con la siempre desapropiada fe infantil, no debería en ninguna sociedad o país ser motivo de orgullo (en Costa Rica: <em>«Mi</em> chiquito <em>nunca habla en clase, es de los más</em> bien portados<em>»</em>). Por supuesto, repito y no me canso de insistir, no tratamos de fomentar la indisciplina o el mal comportamiento —que nuestras acciones no tienen por que perjudicar a nadie que nos rodease— sino hablo de la potestad estimulante y algo olvidada del diálogo y la confrontación respetuosa, donde la persona, con razón o no —que el aprender estriba en equivocarse— tenga total libertad de diferir en uno o varios tópicos con su maestro o profesor. Para muchos, estas ocasiones serán aisladas y poco factibles, pero al menos se fomentará el pensamiento crítico y el factor participativo del cual tantos profesores presentan normalmente queja. Pues para algunos, desdichadamente, participación es ir resolviendo en milimétrico orden paralelo las respuestas al más tedioso cuestionario.</p>
<p>Esto me lleva a otra cuestión un tanto criticable y de la que hasta ahora no he tratado: el desaseo generalizado. Recuerdo como en múltiples ocasiones —al menos en mi escuela, urbana, no vaya a creer <em>quién sabe qué</em>— la organización de un comité de aseo post-clase me parecía particularmente fastidiante; dos motivos influían en mi inflexible opinión: primero, hacíamos un trabajo que no nos correspondía —las conserjes quedaban encantadas con la idea— y tras de eso se nos calificaba por ello —la <em>nota de conducta</em>, otra grave obtusidad perspectiva en los padres de la educación costarricense moderna—; y segundo, y a éste no llegué hasta hace pocos minutos —que para usted será una medida temporal absurda, lo sé—, que la situación propuesta no se encaminaba a solucionar nada. O es que acaso ¿no hubiese sido mejor que nos enseñaran, con gran constancia claro, a depositar la basura en su común receptáculo? Es decir, nos enseñaban a combatir un problema, no a solucionarlo. Y niégueme usted que tal conducta no es más propia de niños que de adultos… claro que esa es la educación institucionalizada, y en una democracia, las instituciones se valoran por su mera existencia, no por su función práctica y definida.</p>
<p>Todo lo anterior, y ésta será la única alusión al film antes citado, me lleva a esbozar una aventurada analogía al respecto. El hombre o la mujer <em>diferentes</em>, un poco locos quizá pero al cabo diferentes, son comúnmente segregados por la sociedad mecanizada, hija pródiga de los aparatos (des)edificantes. El sanatorio, o manicomio, como tenga usted en buen ver, es la representación a escala de, al menos y doy cuenta de la que conozco, el conglomerado de costarricenses llamados nación, la población, extendiendo los límites. Solamente que quizá a la inversa —o al menos eso queremos ver—: son más los cuerdos que los locos, y los <em>raros </em>no son aquéllos sino éstos. Es aquí donde está la ilación: el hombre es normal hasta el tanto responda de una manera establecida a los estímulos educativos y los modelos comunes de <em>sociabilización</em>. De no ser así, o se es tonto o se es loco. Los primeros acaban creyéndose el significado peroyativo del término y se dan por acabados antes siquiera de comenzar el camino; los otros se tratan de <em>curar</em> y ante la imposibilidad de ello (que ser diferente no es síntoma de ningún mal del cuerpo) son reducidos a la convivencia controlada junto a otros de su clase. Volvemos entonces al primer sitio. El estrecho manicomio, hogar del que llamaré conocimiento reprimido. Procesos sociales incorrectos pero arraigados ¿qué podemos hacer?</p>
<p>Aún teniendo muchos otros tópicos que tratar al respecto, dejaré el texto truncado a estas alturas. Dos motivos me impulsan: primero, no quiero cansar al lector; y segundo, el objetivo principal del presente ya se ha cumplido: puede usted ahora conocer mi perspectiva con respecto al tema; aceptarla o no, ya es libre albedrío.</p>
<p>En todo caso, espero que la lectura le haya resultado entretenida y —por qué no— hasta un poco contradictoria. Si he logrado crear en usted sentimientos favorables —o en contra— a lo dicho aquí, he logrado el objetivo, no del texto que ya se citó, sino de una fracción de vida; que la vida completa depende de eso: nuestra capacidad de pensar y actuar, de ser seres humanos (perdone el pleonasmo) valiosos para nosotros mismos más que para una sociedad autoritaria. No queremos romper reglas, queremos vivir una mejor vida donde los <em>jalones de orejas</em> sean historia, por suerte y dicha, pasada.</p>
<div style="text-align: right; "><strong>RQR<br />
<span style="font-weight: normal;">(adaptación)</span></strong></div>
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		<title>&#8230; y justicia para todos</title>
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		<pubDate>Sat, 25 Jul 2009 06:06:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>reiterstahl</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Antes que nada —y para evitar altercados—: no, no hablo de este &#8230; and justice for all. A decir verdad, siquiera escucho normalmente a esta banda que, aunque me parece buena (en lo respectivo a ese álbum al menos), no está actualmente dentro de mis principales gustos.
Siquiera, quede claro, trato de hacer que la entrada [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://29a.site88.net/wp-content/uploads/2009/07/dali_unk.jpg" rel="lightbox[785]"><img class="alignleft size-full wp-image-789" title="¡Viva Dalí! (Click para agrandar)" src="http://29a.site88.net/wp-content/uploads/2009/07/dali_unk_mini.jpg" alt="¡Viva Dalí!" width="200" height="241" /></a>Antes que nada —y para evitar altercados—: no, no hablo de este <a title="Wikipedia: ... and justice for all" href="http://es.wikipedia.org/wiki/...And_Justice_for_All">&#8230; and justice for all</a>. A decir verdad, siquiera escucho normalmente a esta banda que, aunque me parece <em>buena</em> (en lo respectivo a ese álbum al menos), no está actualmente dentro de mis principales gustos.</p>
<p>Siquiera, quede claro, trato de hacer que la entrada hable de justicia. Siquiera, aún más claro, trato de moldearla anticipadamente. Justo de eso no hablaré.</p>
<p>A título personal, más que el contenido como tal, se me tiende a dificultar la titulación. ¿Titulación? Creo que el término no va, pero es tarde, ya se escribió. Soy malo, es bueno sincerarse, colocando títulos. Redactar es relativamente complicado, claro, pero no como poner títulos. Poner títulos es de gente común, poner grandes títulos es de gente excepcional, justo acá me entero que pertenezco —sin dejo alguno de pena— al primer grupo. Mi estrategia, como es de esperar, ha sido sencilla pero —según yo— eficiente: redacto antes de titular, luego el título se elige, casi al azar, casi de forma premeditada, una vez que se tiene el escrito, a nadie le importa el título. Quizá por eso, para variar un poco, rompo la norma personal y hago las cosas al revés: titulo primero, escribo después. Lo bueno es, eso sí, que este trabajo no tendrá calificación, siquiera será leído posiblemente, pero estará. Y estar, es lo que importa. Comúnmente, desde luego.</p>
<p>Ocasionalmente se coloca en manos de cada uno de nosotros una balanza. Ocasionalmente, asimismo, se nos permite influir en el grado de inclinación de dicha balanza. Decía un señor que debió llamarse Stanislaw Jarey o algo así —odio olvidar la referencia, pero pasa— que todos somos iguales ante la ley pero no ante los encargados de aplicarla. Esto, además de quizá algo escandaloso para los menos tolerantes, me tiene sin cuidado alguno. Y sí, ya sé que la última línea no tiene un sentido racional claro, licencias que cree uno poder permitirse. Por unos segundos, no muchos que no queremos molestar, le pido que me permita dibujarle sutilmente una situación. Sino lo permite igual lo haré, pero quería advertirle :)</p>
<p style="text-align: right;"><span id="more-785"></span></p>
<p>Primero: nosotros no somos la justicia. Digo, referido a lo arriba dicho. Tenemos la balanza en manos, pero podemos influir en que hace dicho instrumento. Por demás aclaro que nunca pienso en la justicia como lo que ahora cito, pero para efectos prácticos, ¿qué mejor? Segundo: Tampoco sostenemos una balanza en manos. Ya sé lo que dije antes, le pido lo olvide ahora. Tercero: La justicia no existe, es un mito ahora desmitificado (siempre quise desmitificar un mito en un renglón). Cuarto: Sí, no tiene absolutamente ningún sentido lógico hacer lo que le solicité —recordemos que solo dibujo una &#8217;situación&#8217;—, pero jamás asumí que buscaríamos sentidos lógicos. Quinto, y por dicha último: &#8230; ¡y justicia para todos!</p>
<p>Prosigo. Efectivamente, en este escenario nos enteramos que estamos en labor de distribuir algo que ni siquiera cumple el objetivo de existir. Laborioso trabajo si lo analizamos un poco, pero por dicha no tenemos que analizarlo, no estamos acá para eso. No existe una justicia absoluta, ni acá ni en ningún lado, por ende tendríamos que depender de nuestro discernimiento. No más jueces, no más jurados, no más señalamientos, no más expectativas, no más reglas, no más deberes, no más coerción, no más&#8230; ¡un segundo! ¿no más reglas dije? ¿pero qué sería de un mundo sin reglas ni señalamientos? ¿Caos total? ¡Quién sabe! Tampoco es lo que nos preocupa. Bueno, lo que me preocupa, posiblemente pocos habrán llegado hasta acá :) La carencia de reglas, entonces, a razón de la ausencia de justicia nos presenta un dilema fundamental: ¿cómo diferenciar el bien del mal si no se nos esclarece ningún particular determinante de uno u otro? Me gustaría decir que pregunto, pero siquiera me entero que realmente haga una pregunta.</p>
<p>Redacto al vacío, hace rato me enteré, podría seguir así por horas, eventualmente lo hago, si las circunstancias lo ameritan. Hoy, sin embargo, no. No obstante, no veo nada malo en realizar un planteamiento, marginal a esto pero conexo por otros lares aún no descritos: el miedo pareciera querer forzar nuestro destino. No soy de los que teme, ya no, no más de lo necesario para mantener el orden. Aprendí a no actuar guiado por el miedo, que el miedo es de los peores consejeros, pero aún no logro desprenderme de un instinto aún más primitivo: el de conservación. Las coerción, los deberes, las reglas, las expectativas, los señalamientos, los jurados, los jueces, nuestro discernimiento, ¡justicia para todos!, la lógica, la existencia, ahora parece que realmente sostenemos la balanza en manos, somos nosotros la justicia. Quizá no, quizá es sólo nuestra imaginación, que ver las cosas de atrás para adelante no es nunca igual que verlas al derecho. Empleamos todos estos medios, que no serán fines jamás, tan sólo para saber que podemos conservarnos, íntegros, o lo más cercano posible. Pero sabemos que podemos romper uno de lo eslabones, con todas las implicaciones que llevaría. Y aún sabiéndolo, decidimos hacerlo: eso, amigo(s) míos, es libertad. Y la liberdad, claro, es&#8230; ¡Justicia para todos! Bueno, al menos el principio.</p>
<p style="text-align: right;">RQR</p>
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		<title>Icnorancia(sic) se escribe con «c»</title>
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		<pubDate>Sun, 22 Feb 2009 20:03:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>reiterstahl</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relato]]></category>
		<category><![CDATA[cr]]></category>
		<category><![CDATA[critica]]></category>
		<category><![CDATA[documental]]></category>
		<category><![CDATA[ignorancia]]></category>

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		<description><![CDATA[De la injusticia, lo justo y lo injusto tengo mis propios preceptos e ideas; quizá, así de sutil es el engaño, muchos de ellos no sean resultado directo de cavilaciones personales prolongadas o diatribas contra —que no con— mi alter-ego, algo inconforme, y terco como mula (esta última personificación, admito, empleada a priori y sin [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="size-full wp-image-321 alignleft" title="Costa Rica: Sociedad Anónima" src="http://29a.site88.net/wp-content/uploads/2009/02/cr-sa-mini.jpg" alt="Costa Rica: Sociedad Anónima" width="200" height="309" />De la injusticia, lo justo y lo injusto tengo mis propios preceptos e ideas; quizá, así de sutil es el engaño, muchos de ellos no sean resultado directo de cavilaciones personales prolongadas o diatribas contra —que no con— mi alter-ego, algo inconforme, y terco como mula (esta última personificación, admito, empleada a priori y sin ningún fundamento particular; de llegar a realizar el correspondiente experimento con una mula voluntaria —cosa nada sencilla de lograr— prometo mantenerle actualizado/a) sino de —estimo— opiniones comunes, no por ello válidas o erróneas, sobre tópicos innumerables. En cualquier caso, y sea por el móvil que sea, mi posición x con respecto a un motivo cualquiera y interseca en una idea x,y la cual, si bien pudiendo desplazarse por las abscisas o crecer por las ordenadas, decide mantenerse fija; sólo, talvez, variando en z que, muy a propósito, representa la profundidad.<br />
Con pizca alguna de perspicacia pudo usted ya percibir la tesis que, hasta ahora, sugiero; de no ser así, se la transcribo textualmente (a la vez que trato de disculpar mi irrespeto hacia Vd., lector, enfrentado a mi poco clara sintaxis): tolero cualesquiese opiniones, siempre y cuando éstas no interfieran con las mías. No es egoísmo, es una actitud.<br />
Podría, de querer y deber, explayarme más en mis motivos; no obstante —como de costumbre— se cumple a y no be lo cual, todavía queriendo, me imposibilita actuar respecto al segundo término.<br />
Ahora, no por lo anterior tendré —obligatoriamente— que perder objetividad en mi análisis; más bien, es mi firme objetivo, no ver entorpecido el presente relato con distorsiones de la realidad. Como en otros, procederé con milimétrica cautela… bueno, al menos de eso se trata.</p>
<p style="text-align: right;"><span id="more-304"></span></p>
<h2 style="text-align: center;">•••</h2>
<p style="text-align: justify;">Viendo como, profusamente, se trataba de tergiversar la esencia misma de una institución —porque más que herramienta, es lo que dije— del derecho mercantil costarricense; inclusive tutelada, aquélla, por una de nuestras leyes más vanagloriadas (Código de Comercio, se le dice) y todavía sin querer obviar el carácter no personalista —capitalista, por fuerza, sin que ello englobe su poco agraciada conceptualización— no pude menos que disgustarme —bueno, más que disgustarme, contrariarme— con el título que se le dio a la obra vista: Costa Rica, Sociedad Anónima.<br />
Rápidamente argüí que de haberse querido titular algo así como: Costa Rica, Sociedad en Nombre Colectivo, los intrépidos (valga el calificativo) productores del film se hubiesen tropezado con una dificultad tortuosa e ineludible: las sociedades en nombre colectivo se designan mediante una razón social, esto implica que dicha razón estará conformada por el nombre y apellidos, o sólo los apellidos, de uno o varios de los socios. Es decir, tendríamos un vinculativo y —para algunos— concientizante Arias, S en CS.<br />
Supuse, asimismo, que de quererse conformar una sociedad en comandita simple, aparte del citado escollo de la razón social (que igual aquí aplica), el principal inconveniente fincaría en un posible, e inusitado, número de socios comanditarios, al par que pocos serían los comanditados. Esto por cuanto, aquéllos, limitados a la aportación de capital (activos) y sin ser gestores de la sociedad, únicamente se interesarían por los dividendos. Mientras, los otros —los comanditados—, siendo los encargados de aportar capacidad empresarial, ideas, intelecto y en resumidas cuentas trabajo duro serían los menos. Lo anterior valiéndonos de aquel viejo axioma que sugiere que el dinero genera dinero, tal como se puede observar en múltiples casos. No se citarán, pues se hace innecesario.<br />
Las dos opciones restantes en materia de sociedades mercantiles, la Sociedad de Responsabilidad Limitada y la Sociedad Anónima presentaban ciertas características que las tornaban viables —esto es relativo— para funcionar en el particular: en ambos la responsabilidad societaria es limitada al capital —siempre, el vil metal— y ambos prescinden de razón social obligatoria.<br />
No obstante —evito más divagaciones— mi disgusto provino de la acidez —creo que así se dice— que se le confirió al susodicho enunciado. En todo caso, ya desde el comienzo —y sólo sabiendo el título—, la objetividad comienza a difuminarse; y ello, créame, es cosa de cuidado en tiempos modernos.<br />
En esta ocasión evitaré las claras y sólidas delimitaciones entre opinión, hecho, realidad y estudio asignado; optando, cabe indicar, por un estilo narrativo poco más sesgado y oscilante, pero espero que no por ello espeso: dejémosle eso a Grass o a Musil, que yo sólo trato de explicarme.</p>
<h2 style="text-align: center;">•••</h2>
<p style="text-align: justify;">Existe una delgada línea entre la cordura y la insania, llamada razón. Más allá del llano proceso analítico-teórico, dicho límite nos dota de mecanismos alternos que nos permiten vivir en uno de los dos lados, para luego regresar al otro. Ésta vendría siendo la única forma de entender falacias de forma como las que nos sugiere CR:SA.<br />
El problema asoma cuando se nos dice que los labriegos sencillos de antaño, hoy post-púberos bilingües con delirios de snobismo se dedican ya no a la siembra y cosecha del grano base de la infusión adictiva, sino a la producción sistemática y cuidadosa del plaquitas de sílice de dos centímetros que —a la postre— servirán para compilar, en fracciones de segundo, la posición real de un objetivo móvil, acorde con la ulterior aproximación uno a diez de la mirilla teleobjetivo del joven Jake Larsen —insigne piloto de la USAF— en aquel momento al mando de su cazabombardero. En este caso, Larsen no es bilingüe, después de todo el mundo entero habla su idioma (la aseguro, no dije nunca esperanto) ni —ciertamente— se preocupa más que por las medallas que ostentará la solapa de su traje en unos años; en cierto modo, número directamente proporcional a la cantidad de objetivos destruidos… con ayuda del sílice, claro.<br />
Así de claro y proporcional me pareció el uso de las cámaras; que ni se movían mucho ni movían mucho a sus personajes. Sin temor a equivocarme, podré llamar incluso elegante la composición; que, si bien, eventualmente perdían la secuencia , la recobraba a la siguiente ocasión con el salvador subtítulo o la antiquísima toma del gag monocromo.<br />
Sugerir siquiera la participación de REMEC, y peor aún de sus renovados labriegos sencillos, en la creciente carrera armamentista estadounidense (¿?) sería hilar tan delgado —y mal— que provocaría análogas replicas visiblemente risibles: si las prendas maquiladas en nuestro país llegasen, por azar del destino, a cubrir las forjadas carnes de las tropas verdes de infantería sobre Iraq/Irán (que más da un diacrítico sobre la a y otra consonante) podríamos, en nuestro no muy sano juicio —volvemos al límite definido—, deducir que el ejército de madres de clase media-baja que las confeccionó preferirían que mueran niños iraquíes/iraníes a niños costarricenses, muy probablemente sus hijos; y que, de nuevo me valgo de falacias, dicho apoyo sería contraproducente a esa utopía mágica de la paz mundial. Sí, lo hago como pregunta retórica, pero no por ello incontestable.<br />
La ironía es sostenible, agraciada y relajante —a la vez que buen recurso expresivo—; pero no por ello educativa. A mi humilde ver, jamás se le podrá llamar a CR:SA documental; viajando sobre la raíz que no ostenta (documentar es justificar o probar con documentos, no con opiniones) vemos un trabajo investigativo inteligente y bien elaborado; claro que dignificado más por los investigadores que por los investigados (los de la causa, muy bien elegidos; los otros, en lo absoluto). Los últimos, por desdicha, parcializaban su opinión a tal ultranza que acababan perdiendo credibilidad.<br />
Otra cosa que se perdía, sugerimos antes, era la continuidad del encuadre (más que continuidad, hablemos de homogeneidad entre éstos): tanto se presentaban tomas sobrias y bien iluminadas de personajes —a buen ojo avizor— versados en lo que a fracasos comerciales y motines estudiantiles refiere; como, con cierta inconsistencia, primeros planos soeces y poco agraciados de una aspirante a negociadora internacional —¡carajo!— que, se dice como es, no alentaba estéticamente el garbo que un acuerdo de tal magnitud debería, como sus artífices, alcanzar.<br />
La obra trata de estigmatizar las algo (bien: mucho) inconsistentes aseveraciones de nuestro, por fortuna, señor expresidente Pacheco; no obstante lo hace con tal saña y desfachatez que lleva a molestar al más tolerante. Pasando por alto las decisiones estratégicas echadas para atrás por presiones multilaterales, en lo personal, creí acertada la decisión de apoyar una coalición contra el gobierno del señor Husein; más por la posible ayuda tangencial que se pudiere prestar (poca), por simple e interesada estratagema: Quod autem isti dicunt non interponendi vos bello, nihil magis alienum rebus vestris est, sine gratia, sine dignitate, praemium victoris eritis, me enseñó hace unos tres años Maquiavelo.<br />
Pero para no avergonzarme más con la adhesión retirada (que técnicamente no demuestra más que la poca convicción y precisión de  nuestro, por suerte, hoy expresidente) paso a otro punto que igualmente disgusta: la presencia de intereses.<br />
Dice un viejo aforisma jurídico que no se puede ser juez y parte, dicho axioma, eso sí, pareciera ser desconocido por el director de CR:SA. En primera, porque los testimonios y entrevistas realizados se encuentran notablemente distorsionados a favor de uno u otro grupo: los detractores del CAFTA dicen que nuestra nación está bien tal cual está —si ellos dicen…—, argumentan que el sector eléctrico es emblemático (por suerte no hablan de telecomunicaciones e Internet), que Bush, hijo, es poco menos que el mítico engendro hijo de Belcebú, que en las calles está la soberanía y que Osquitar, no Oskar, nuestro Señor Matzerath, es el perro faldero del imperio del norte. En segunda, tenemos a una joven robusta de buena posición y salario acorde; o a un señor, adulto joven, de irreverente aspecto, micrófono en mano y ágiles movimientos que, aparte de trocar q o k —que La Academia, supongo, admite ambas— por n, trataba de reflejar tal dominio escénico —que no poseía—, autocontrol y conocimiento —que tampoco le sobraba—dirigiese a sus escuchas tal si fuera dueño y dador de la verdad. En todo caso, las ideas no variaban mucho: el CAFTA beneficiará casi a todos, y a los que no, les dará trabajo; la panacea mundial al comercio injusto se llama libre comercio, primigeniamente sugerido por un tal A. Smith que hablaba de manos invisibles; y claro, el país más beneficiado en las negociaciones fue el nuestro.<br />
De este modo, como vemos, los que saben lo hacen con lo que les interesa y dejan de lado lo que o no les gusta o no les sirve; a la vez que los que no saben creen que TLC es Tribunal Supremo de Elecciones (por mi propia dignidad, prefiero figurarme que la señorita interrogada no escuchó bien la pregunta).<br />
En cierto modo, el Tratado de Libre Comercio es como la física cuántica: el que sabe, sabe; el que no, no tiene que (como en la alquimia)… y lo curioso es que dicha privación no se debe a la negación de la información, sino a la aceptación del desinterés. Este último no aceptado valientemente por nuestra sociedad costarricense, sino oculto entre tanto aparentar saber, o por lo menos, querer poder hacer; que con la luz roja parpadeante la lengua se deja decir y explicar… y es que, para algunos, las cámaras no están hechas para hablar, sino para cantar, bailar o recitar (de memoria que la inventiva es privilegio de pocos).<br />
Ya que hablamos de cámaras, es conveniente rescatar la ausencia de actores en la obra, sobre todo por dos motivos: uno, las entrevistas —más que sustanciosas— eran vívidas y directas (nada de recitales); y dos, la interpretación no actuada (o la simple carencia de actores, en su sentido amplio) siempre es bien recibida por los espectadores, sobre todo por los más intransigentes.<br />
Por otro lado, el enfoque dado a los monopolios tanto públicos como privados me parece sumamente original, pero algo torcido: sugerir que sí el monopolio va a se ineficiente (nótese el fatalismo), será mejor sea público que privado, se hace absurdo. No tanto por el espectro patriótico que rodea la sentencia, sino por el firme deseo y afirmación de la no subvaluación de resultados por ideas clásicas erradas. La optimización de los procedimientos será, por mucho, factor decisivo para la existencia de objetivos. No es elegir entre el mejor de dos males, sino entre el mejor de ninguno. Obviedad, se le llama.<br />
No queriendo extenderme más en el relato de mis memorias, más que por ocio o pereza, por consideración al lector, finalizaré le presente pasando por alto algunos tópicos de importancia para la comprensión, básica, del tema en discusión.<br />
Resultó interesante, por lo menos para mi persona, darme cuenta —luego de concluido— que el presente texto, más que de compleja estructura (que no la tuvo) se me hizo difícil de componer. El motivo, como el escrito, no se deja ahondar con facilidad: sin ser cine propiamente (drama, comedia, musical, etcétera) ni documental objetivo (que no lo fue) estuve en deber de considerar más que lo mostrado o percibido —aún de tácita manera— para llegar a redactar. La obra gustaba —menos ese aberrante título—, y tanto nos hacía reír como querer llorar. Por supuesto que existe la opción de sólo contemplar y carcajear poco, que fue la que yo implementé.</p>
<h2 style="text-align: center;"><strong>•••</strong></h2>
<p style="text-align: justify;">Por sobre mis reflexiones —más bien pocas— personales, las externas sesgadas y las terceras convencionadas, están —en primer lugar— las reales, las demostrables mediante ejecución: experimento y error. Claro que la “primera opción” de un estadista no podrá ser el ensayo y la falla (por si acaso: si no sirve a la primera, que no quede prueba del intento); donde dicha táctica podría resultar en desempleo, hambre, división, violencia, insurrección, recesión, etcétera. Todos ellos, a la postre, factores reversibles, aunque no con facilidad.<br />
Sugerir opciones sería lo mínimo que algunos me exigirían; pero no lo haré: la objetividad se pierde con facilidad, y yo no quiero seguirlo demostrando ante usted.<br />
Y es que viendo la realidad, como me gusta, en frío, todavía hoy muchas personas creen que TLC significa Trabajo para Los Costarricenses (el de Tribunal Supremo de Elecciones no me lo quiero tragar), que Albino Vargas y Fabio Chaves son acérrimos paladines de la soberanía popular y las instituciones autónomas, que RECOPE refina —en serio: refina— petróleo, que los intereses comunes superan los particulares, que el seis de junio de dos mil seis un diluvio debió mandarnos al cuerno a todos, que J.K. Rowling supera a Shakespeare, que Picado —y no sir Fleming— descubrió la penicilina, que el hombre nace bueno y la sociedad lo corrompe, que el cigarrillo no mata, que Pablo Picasso era italiano (haga la prueba con jóvenes de dieciocho años o menos; aunque aún algunos viejos, lo he comprobado, caen), que Calderón de La Barca era un marinero, que los cheques de viajero se retiran en cajeros automáticos (créame, yo lo presencié), que cine es sinónimo de Holywood, que los mentalistas no son farsantes, que los hombres no lloran, que MacDonald&#8217;s vende buenas hamburguesas, que el sexo fuera del matrimonio es pecaminoso, que regalar rosas es cursi, que Mac es mejor a Windows, que el hoyo en la capa de ozono no es problema serio, que Ortega y Gasset son dos, que el hipo se cura pegando —con saliva— un papelito en la frente, que Papá Pitufo, el Hada de Los Dientes y Heidi existen, que miedo y recato son la misma cosa, que Maradona es Dios, que trece (13) es un feo número, que los gatos negros traen mala suerte, que el tiempo no es relativo, que Michael Jackson es blanco, que el Mar Caspio es un mar —no un lago— y por supuesto, que icnorancia (sic) se escribe con “c”.</p>
<p style="text-align: right;">RQR</p>
<p style="text-align: justify;">[<strong>Nota:</strong> esta entrada llega bastante a destiempo, como podrá Vd. notar, sin embargo hace ya varios días quería publicar esta "adaptación" a un ensayo personal escrito hace ya cierto tiempo. Beneficios de βlog personal :)]</p>
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		<title>Manifiesto Dadaísta [extracto]</title>
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		<pubDate>Sun, 08 Feb 2009 17:19:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>reiterstahl</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relato]]></category>
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		<description><![CDATA[La magia de una palabra —DADA—, que ha puesto a los periodistas ante la puerta de un mundo imprevisto, no tiene para nosotros ninguna importancia.
Para lanzar un maniﬁesto es necesario: A, B,C. Irritarse y aguzar las alas para conquistar y propagar muchos pequeños y grandes A, B, C, y aﬁrmar, gritar, blasfemar, acomodar la prosa [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_236" class="wp-caption alignleft" style="width: 210px"><img class="size-full wp-image-236" title="Retrato de Tristan Tzara (1896-1963)" src="http://29a.site88.net/wp-content/uploads/2009/02/t-tzara-por-tihanyi.jpg" alt="Tristan Tzara Arcképe.Tihanyi Lajos. 1927. Hungría." width="200" height="285" /><p class="wp-caption-text">Tristan Tzara Arcképe. Tihanyi Lajos (1885-1938). 1927. Hungría.</p></div>
<p><strong></strong>La magia de una palabra —DADA—, que ha puesto a los periodistas ante la puerta de un mundo imprevisto, no tiene para nosotros ninguna importancia.<br />
Para lanzar un maniﬁesto es necesario: A, B,C. Irritarse y aguzar las alas para conquistar y propagar muchos pequeños y grandes A, B, C, y aﬁrmar, gritar, blasfemar, acomodar la prosa en forma de obviedad absoluta, irrefutable, probar el propio non plus ultra y sostener que la novedad se asemeja a la vida como la última aparición de una cocotte prueba la esencia de Dios.<br />
En efecto, su existencia ya fue demostrada por el acordeón, por el paisaje y por la palabra dulce. Imponer el propio A,B,C es algo natural; y, por ello, deplorable. Pero todos lo hacen bajo la forma de cristal-bluff-madonna o de sistema monetario, de producto farmacéutico o de piernas desnudas invitantes a la primavera ardiente y estéril. El amor por lo nuevo es una cruz simpática que revela un amiquemeimportismo, signo sin causa, frágil y positivo.<br />
Pero también esta necesidad ha envejecido. Es necesario animar el arte con la suprema simplicidad: novedad. Se es humano y auténtico por diversión, se es impulsivo y vibrante para cruciﬁcar el aburrimiento. En las encrucijadas de las luces, vigilantes y atentas, espiando los años en el bosque. Yo escribo un maniﬁesto y no quiero nada y, sin embargo, digo algunas cosas y por principio estoy contra los maniﬁestos, como, por lo demás, también estoy contra los principios, decilitros para medir el valor-moral de cada frase. Demasiado cómodo: la aproximación fue inventada por los impresionistas. Escribo este maniﬁesto para demostrar cómo se pueden llevar a ca<span style="color: #000000;">bo al mismo tiempo las acciones más contradictorias con un único y fresco aliento<strong>; estoy contra la  acción y a favor de la contradicción continua, pero también estoy por la aﬁrmación. </strong>No estoy ni por el pro ni por el contra y no quiero explicar a nadie por qué odio el sentido común<strong>.</strong></span></p>
<h4 style="text-align: right;"><span style="color: #000000;">—</span>Samuel Rosenstock, c.c. <span style="color: #000000;"><a title="Wikipedia: Tristan Tzara" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Tristan_Tzara">Tristan Tzara</a><strong><br />
</strong></span></h4>
<p style="text-align: justify;">De una u de otra forma Dadá logra cambiar ciertas percepciones que de otro modo permanecerían estáticas; de ahí su valor, el valor personal que yo le confiero. El Primer Manifiesto Dadaísta (1918), completo, se puede descargar desde <a title="Primer Manifiesto Dadaísta, por Tristan Tzara" href="http://homepage.oniduo.pt/domador_de_sonhos/manifesto_dada.pdf">acá</a> [PDF]</p>
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