El mínimo primero.

El mínimo primero.

Soy y he sido de texto más que de verbo. De verbo también en épocas recientes. No se pueden separar ambos, la fuerza que los atrae es demasiada. Siquiera, quizá, es fuerza sino naturaleza. Siquiera, quizá, es naturaleza sino tendencia. Siquiera, quizá, es tendencia sino perspectiva. Un día de estos, hace poco, hablaba de Perspectiva, con mayúscula sí. Hoy de camino pensé que el quizá, como el hubiera, no existe. Esta última, la perspectiva, es la que nos mantiene unidos a la realidad, a la nuestra, es la óptica, el lente que agranda o disminuye los sucesos. Si existe, o no, el quizá (como el hubiera) no es que preocupe particularmente, lo raro sin embargo es que no sea una verdad conocida, porque dicen los judíos que una verdad a medias es una mentira completa. La perspectiva es cosa de cuidado, porque no somos nosotros para ella sino ella a nuestros ojos, y el ojo avizor, citado por otro lado, es siempre impreciso, temeroso. Odio pensar cosas interesantes mientras camino, el ruido y la gente siempre interfieren y la idea nunca cuaja. Cada cuál mira desde el ángulo que mejor se le adapta, o mejor puede, o mejor lo dejan, o mejor piensa, o mejor supone. Seguro sólo el ojo en suceso aislado. Las grandes ideas vienen de mentes similares, no en tamaño, sino en concepto. Y yo, por otro lado, aún sigo sin poder separar dos relatos distintos con otra cosa que no sean puntos. Estamos.

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