Estimada vendedora, ¿tiene unos minutos?
Yo:
Buenas tardes, ¿Cómo le va? Espero que bien, me ha visto ya varias veces por acá, siempre vengo con mi pedido, difícilmente cambio, pago y me voy raudo. El día de hoy, esta lluviosa tarde de junio, sin embargo, vengo no con un pedido sino con un trato que podremos o no acordar. ¿Tiene tres rápidos minutos para la exposición de éste?
Ella:
O_O claro…
Yo:
Gracias por su tiempo, procuraré no tomar más tiempo del que estimé inicialmente, caso opuesto, hágame saber de inmediato mi tardanza. ¿De acuerdo?
Ella:
Claro.
Yo:
Gracias. Paso a tema, dentro del gran universo de las comidas rápidas caseras las opciones suelen ser algo variadas en cuánto a calidad, sabor, precio y constancia. Las primeras tres no me ocupan en este caso, si estoy acá de nuevo es porque tanto calidad como sabor y precio me parecen asertivos respecto al producto que obtengo. Sin queja. No obstante está cuarta, la constancia, es una de las que más preocupa. ¿Conoce usted el significado exacto de la palabra constancia?
Ella:
Creo que sí.
Yo:
Excelente, estamos al tanto de las mismas cosas entonces. La constancia en los eventos es de las cuestiones más difíciles de mantener, incluso por factores que están ajenos a nuestro control. Soy sensato a este respecto, sin embargo conozco también límites de aceptación o no que claramente se definen por un consumidor. En este caso, yo. Obtener hoy lo mismo que ayer suele ser difícil, salvo en situaciones controladas. El día de hoy quisiera sugerir justamente un trato de mutuo beneficio, que tanto funcionará para usted como para mi, doble beneficio. Los tratos dónde todos ganamos suelen ser bien vistos, ¿cierto?
Ella:
Cierto
Yo:
Sin más, entonces, paso a aprovechar mi último minuto y medio de plática, sé de buena fuente que tanto su tiempo como el mio valen oro: quisiera su compromiso de constancia con la calidad del producto que me dan para comer a cambio de mi compromiso de exclusividad para con sus productos. Pero como sé que las situaciones no siempre son controlables, coloco un tercer término decisivo, el día que a su buen ver y ojo gastronómico (del que no dudo ni un segundo sea bueno) la constancia del día anterior no pueda ser mantenida o superada una simple indicación me haría desistir de la compra, condición que perdurará por un día no más, pues sé que no siempre todo puede estar a punto. Constancia para mi en este caso es sinceridad, que retribuiré con buena disposición, constancia de mi parte y buena recomendación. ¿Me he logrado explicar bien en estos términos? No tema indicar lo opuesto, suelo ser poco preciso.
Ella:
Perfectamente bien explicado.
Yo:
¿Cómo pinta, pues entonces, la constancia para el día de hoy?
Ella:
Va a ver lo rico que tengo para hoy.
Yo:
Gracias, ni más faltaba de una persona tan abierta al diálogo y gran conversadora como usted. (le dicté mi pedido, guiado por el sabio consejo de ella sobre el mejor y más fresco alimento para esa hora).
Ella:
Muchas gracias, hasta mañana.
Yo:
Acá estaré sin lugar a duda puede usted asegurarlo, solamente resta cerciorarse de lo que me ha asegurado.
Ella:
Adelante ya verá.
Yo:
:-)
(He almorzado la mejor comida, a mi gusto, que un restaurante como aquel ofrece, mañana regresaré)