La naturaleza del triunfo

La naturaleza del triunfo

Pocos sentimientos logran exacerbar más nuestras emociones más básicas y primitivas que un triunfo en momento adecuado. El triunfo visto como consecución del objetivo anhelado suele movernos sin reparo a una de las más grandes satisfacciones humanas, sabernos capaces. Creernos incólumes, por cierto.
De Elder, o más bien de una de sus más grandes obras sobre Trading (Vivir del Trading), aprendí que la emoción no frivolizada usualmente trae más problemas que beneficios. No es, claro, que se nos imposibilite el hecho principal, humano y básico de la celebración por la consecución del bien obtenido. El caso del day trading, como libro de vida sesgado, siempre me parece perfecto. El trader novato, luego de una sesión exitosa con beneficios inusuales para su récord de NET, usualmente tiende a sentirse el amo del universo mercantil. Craso error usualmente reflejado en la siguiente jornada. Hacer las cosas bien nos ayuda, nos tranquiliza un poco, pero no nos hace infalibles al futuro. Nada nos hace infalibles al futuro. El gane de hoy no garantiza el beneficio de mañana, regla de trading, regla de vida. Elder decía que sabía cuando alguien era bueno porque, luego de un día completo en la misma estancia con el trader en cuestión, al final de la jornada no lograba ver emociones, favorables o no, sobre ganancias o pérdidas. A pesar, claro de luego revisados los registros, ver movimientos por varios miles o millones de dólares. ¿En cuál grado de parsimonia debemos estar para permitirnos mover en una jornada más dinero del que muchas personas ganarán a lo largo de toda su vida sin siquiera emocionarnos por ello? Vi algunos casos, realmente únicos para mi, de este tipo de tranquilidad.
El gane nos libera y exacerba, nos vuelve capaces, nos une al gremio de los triunfadores sobre los derrotados, pero no nos inmoviliza en nuestro pedestal real. Porque dichos pedestales no existen. La naturaleza del triunfo nos debe permitir movernos libremente de la felicidad auténtica del gane a la templanza característica de la reserva emocional. Ser buenos no los hace infalibles, pero ser cautos nos acerca un poco.
Recordemos que, después de todo, con los ganes la emoción resultante se expande y con las pérdidas se contrae. Somos solo artilugios espectaculares que creemos ser libres, libres de celebrar ganes y reprochar derrotas.

RQR

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