Humanos.
Queremos el capital y queremos cosas. O solamente el primero, que en el fondo las segundas se pagan con éste. No sabemos cómo muchas veces ni sabemos con certeza por qué, más allá claro de la proyección de los múltiples beneficios que su pertenencia nos otorgaría. Queremos reír, vivir, amar, coger, comer, hacer y deshacer. Pero raramente damos vueltas al por qué. Créanme, sin embargo, es mejor así.
El ser humano es tan único como repetible. Nos interesa la casa, el vehículo, el éxito, queremos el exceso pero mientras lo conseguimos nos distraemos con la modestia. Queremos escuchar la mejor música, disfrutar en grupo (que se note somos sociales) y disfrutar en solitario (que tampoco somos dependientes emocionales). Queremos ser los mejores en algo, ser imprescindibles por acá o por allá. Queremos dejar de temer. Queremos crear y queremos consumir. Queremos pertenecer. Queremos ser escuchados, pero raramente escuchar. Queremos dejar de obedecer y comenzar a hacer, pero sabemos que la obediencia es acogedora. Queremos ser el alma de la fiesta, y si no podemos, al menos estar en la cercanía del que lo representa. Queremos dormir. Queremos trabajar. Queremos despertar. Queremos tranquilidad, pero no tanto que aburre. Somos un puñado de determinaciones y deseos, algunos impuestos otros confirmados por el tiempo.
Somos seres humanos y posiblemente dejemos esta tierra sin saber claramente que llegamos a querer, nosotros, no los que nos decían que poder querer.
RQR