Sobre el orgullo de la especie
Formas y modos los hay, al igual que ideas. Unas u otros más loables que aquellos y otros tantos igual de despreciables que el mismo ser representativo.
De repente se me hace más que agradable recibir dosis saturadas de realidad representativa, representativa de mi lado del orbe vamos, que estoy seguro que varios miles de kilómetros al este tienen mejores y más interesantes disyuntivas del día a día que colocar en un medio social (el significado de social cada vez nos ensimisma más) fotografías del momento inmediato a la práctica del acto sexual. Coger, vamos.
El mundo ha ido tomando nuevos rumbos, nada nuevo, romper es la actividad de moda, romper estatutos y decidirse finalmente a hacer lo que , de una u otra forma, se quiere (o nos dejan). El problema viene cuando de ese cisma podemos obtener más bien poco beneficio cuantificable, tanto para nosotros como para (idealmente) el mundo definible. Naturalmente nos gusta ser únicos, como todos los demás, para hacer nuestra propia contribución, grande o pequeña, al escuálido planeta tierra que hace ya varios tiempo comenzamos a cargar a rastras.
Nuestra naturaleza indomable está permitiendo cosas maravillosas para algunos, pero para varios otros (estos últimos, más) les está cargando de pequeños triunfalismos que podemos reducir al absurdo: el ‘selfie’ más compartido (odio, en serio, esa palabra), el artículo más compartido, el alcance más extendido, etc.
Hemos pasado de usar productos a hacer vivir productos, creando una necesidad que en todo caso antes se alimentaba de otras formas. El ser humano gusta de hacerse notar, luego de todo, si no nos notan no estamos. Hagamos ruido, pero en silencio, que el verdadero ruido es contraproducente a la causa máxima: generar interés simplista. No puede parecer que queremos llamar la atención, eso es despreciable, pero si tiramos un pequeño trozo de nuestra realidad y la jauría arrasa con ella, no es ya mi problema.
Todavía me pregunto qué pasará cuando nos cansemos de lo que tenemos, tendremos que buscar más o inventar más, o simplemente aceptar que naturalmente no somos fáciles de llenar, pero sí de aburrir. Por mientras sigamos viviendo las de la forma convenida, pensando que las condiciones actuales nos permiten sentir que tenemos el control sobre lo que queremos ver o no ver, hacer o no hacer sentir, o dejar de sentir.
RQR