F. M. L. A. W. Posiblemente deberán pasar años antes de comprender

F. M. L. A. W.

Posiblemente deberán pasar años antes de comprender que el control es la ilusión más extendida.

Creemos poder tener el control de nuestra vida, nuestras cosas, nuestra gente. Es más, no solo creemos, sabemos. Aceptamos. Nos convencemos de ello. Nos gusta el control, el control nos centra, nos estabiliza. Pero hace algo peor: nos seda.

Y sobra decir que estar sedado no está mal, pero claro, depende del contexto. Sería algo como. Sedado en una cama de hospital: ✅ Sedado por la vida: ❌

De repente incluso pareciera probable que los tres grandes vicios universales (poder, dinero, sexo) sean tan solo extensiones del control. Control como dominación, control como ansia. ¿Control como objetivo? Nuestra zona de control, nuestra zona de conocimiento. Acá todo está más o menos controlado, o al menos, dibujado. Por eso es que probablemente dos opciones suelen privar: 1. Nuestra búsqueda de nuevas experiencias fuera de la zona de control resulta ser limitada en la mayoría de casos y 2. Los cambios abruptos en nuestra zona de control nos hacen sentir incómodos e imposibilitados de buscar resguardo en otra zona porque, por lo común, solamente nos hacemos a la idea de una.

La instauración de rutinas mundiales nos acerca a una gran unificación. No digo que esté mal o bien, pero parece al menos lo natural. El día de veinticuatro horas, la jornada laboral, las tres comidas (los que tienen suerte), la frecuencia de pago (y de pagos), la división de la vida en etapas más o menos predecibles, los procedimientos, los protocolos, etc. Y todo esto para que cuando algo falle, nos escandalicemos. No todo es como en informática, dónde disponemos de HA (Alta Disponibilidad, por sus siglas en inglés), configuraciones RAIDs 1 (configuración de espejo entre dos medios de almacenamiento)… ¡Y hasta esto falla! Porque nuestra propensión quizá es esa: tarde o temprano, nuestra ilusión de control demostrará que sigue siendo eso: una ilusión. Quizá una con baja tasa de fatalidad, infinitamente cercana quizá al cien por ciento de tasa de funcionamiento, tan cerca que olvidamos que está hecha para fallar en algún momento. Porque todo en determinado momento, puede fallar. Y todo en determinado momento fallará.

La búsqueda del control nos ha llevado, como especie, lejos. Y posiblemente nos seguirá llevando más lejos aún. Y eso está bien, después de todo el control favorece el orden y el orden evita en caos. Posiblemente nuestro delirio actual con el control está instaurado en nuestro ADN, cual vestigio evolutivo, recordando de forma taimada que el caos de otrora no nos mantenía… ¿vivos? ¿felices? ¿dóciles?

Seguimos siendo voraces, pero ahora al menos nos preocupamos por parecer decentes. Y seguir las reglas del juego. Porque todos somos iguales, al menos en teoría.

RQR

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