Desazón
Ayer se varó el carro. Así de la nada frente a un semáforo, diagonal al mercado central de San José. Era hora pico. Un viernes. Y llovía. A cien metros de dónde yo estaba había pasado algo, y estaban devolviendo carros. Que justamente iban a pasar por dónde estaba yo. Las direccionales no prendían, debía ser algo eléctrico.
Y entonces comenzó. No había recibido, hasta entonces, en tan poco tiempo tal cantidad de agravios verbales. Ni escuchado tal volumen de claxon al unísono recordándome lo estorboso que era. Los gritos, las señas, las miradas de odio (sí, odio), los madrazos, qué situación tan incómoda.
Posiblemente no hice lo mejor, llamé de inmediato a una grúa e intenté mantener la calma para ver qué hacer. Un muchacho que ocupaba pasar con un camión empujó el carro y lo dejó en otra localización, para estorbar menos. Pero igual molestaba. A esas horas nadie quiere que otro se interponga en su camino, allá cada cual con su mal.
Un oficial de la fuerza pública me tocó el vidrio: ‘ocupo que mueva este carro’ seco, ‘no puedo señor, está completamente varado.’ ‘¿Qué?’ ‘Qué está varado, no lo puedo mover’. Voy a llamar a un compañero de tránsito qué lo ayude. Mejor no lo hubiese hecho.
Supongo que aquel muchachillo de endeble apariencia, con las siglas INS en la espalda ha sido curtido por la calle. Esa misma calle que no perdona a cualquiera que ose interrumpir su libre tránsito con una falla mecánica o eléctrica. ¿Qué hace del lado del acompañante? me espetó. Salí de inmediato del carro, antes debí salir a preguntarle indicaciones de dirección a un vendedor de lotería, luego me senté dónde mejor me quedó: ¿qué importancia tiene dónde estar en un carro que está varado? dubité, ‘es que el carro está varado’ una vez más, ¿QUÉ? (así, gritando): ‘qué el carro está varado, me pasé de asiento’ (era la legítima ocasión del que grita solo para intentar reforzar su posición de falso poder). ‘Ocupo que lo mueva, está estorbando’ -sobra decir que estorbaba un poquito, con la parte de atrás, hasta ahí había llegado la primera vez que me empujaron-. De acuerdo, ¿me ayudan a empujar? respuesta seca y se fueron atrás, entendí.
Los vidrios estaban altos, igual se escuchaba. La dirección de un carro apagado no es la misma, cuesta más dirigirlo. ‘Hijueputa chofer más malo’ ‘¿No ve qué mierda? ni acomodarse puede’ ‘Jueputa que para nada sirve’. ‘¿Y usted qué? tiene triángulos? ¡Póngalos!’. Me bajé, la verdad fue mi error, no consideré lo de los triángulos, y debí. De los dos uno estaba mal, solo puse uno. Y me volví a subir al carro.
Las palabras de cualquier otro desconocido hace años que me dejaron de herir. Sin embargo, me quedó esa sensación, extraña y triste a la vez. Llegado ese punto solo deseaba que llegase la grúa, que llegó finalmente. acomodamos el carro y fue todo. Han sido días difíciles, muchos problemas juntos, pero ahí sale uno.
Suficientemente concentrada, como decepciona la humanidad. Yo entiendo, no pido ayuda, cada uno tiene muchos problemas. Pero, ¿ese odio? ¿esa ira? esas ganas de gritar, esas ganas de ‘enjachar’ al estorboso, esa ‘pitadera’ continúa, que nunca logra nada, pero como nos llena de satisfacción. Yo intento siempre pensar bien, pero ayer se me hizo imposible. El egoísmo concentrado, la falta de cualquier tipo de sensibilidad, el eterno hacer leña del árbol caído, ¿de por sí? jodido vivir en un mundo así.
Me acordé de un accidente de tránsito que tuve hace un par de años. Publicaron una nota en un diario local, medio digital, vieran los comentarios: ‘borracho ese chavalo’ ‘qué clase de imbécil’ ‘calenturas que andan corriendo’ ‘Hijueputa más idiota, se sacó la licencia en una caja de corn flakes’ y un largo etcétera. Eso me pasa por romper mis propias reglas, nunca leo comentarios de ningún medio, nunca dicen nada inteligente. O si lo dicen, hay que escarbar entre tanta porquería para llegarle, que me da pereza. Solo leo comentarios de publicaciones de mis amigos, suelen ser mucho mejores.
Ese parece ser el mundo que creamos, y del que estamos orgullosos. El país del pura vida. El más feliz del mundo. No me imagino como sería vivir en otro menos feliz.
RQR
Algo más, que debe ser recordado ya cuando llegó la grúa, el señor de la lotería ya recogiendo para irse se me acercó y me dijo: ‘ya, costó pero llegó’ y lanzó una sonrisa sincera. Gracias por eso :)