Justicia

Justicia

No deja el concepto de atormentar porque resulta que la búsqueda eterna de lo justo para quién corresponda pareciera no ser una ciencia exacta.

Para estos días que tanto se habla de pedestales, nos forzamos a subir en uno. Es la única forma de rodear un tema como este. Desde la seguridad de la barrera invisible que nos da el espacio vacío.

La búsqueda eterna de la justicia, tiempos modernos, no pareciera tópico de particular interés para las estirpes más elevadas, los dueños del capital. La concepción degenerada de justicia que nos llega a rastras atiende a profanos intereses de élites. Ya sé, suelo ser más circunspecto en lo que refiere al análisis, pero el valor emocional de la observación desenfadada de vez en cuando ayuda algo. O mucho.

La máxima lo reza y, por desdicha, no es esto algo que se enseñe desde la escuela: que todos seamos iguales ante la justicia, no implica que lo seamos ante los encargados de aplicarla. Y, entonces, al final lo que nos queda es un sin sabor de lo que queremos, pero no será, al menos sin intervención de los cuerpos de oro institucionales, los que tienen capacidad de decisión.

Llega entonces la noción personal y debemos ablandarnos, no por débiles, sino por astutos: seremos nosotros los principales interesados en lo que para nosotros será justo o, por el contrario, una víctima más de lo que nos dicen nos corresponde.

Es un tema severo, y triste, no poder llegar a conclusión válida siempre lo es.

Quizá sea cuestión de tiempo, y trabajo, y todo se llegue a solucionar. Ocupamos soluciones, y mejora, eso está claro.

RQR

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