El casado a mil
Partamos del principio del aprendizaje por recurrencia. Las cosas no las aprendemos sino es estando en contacto con ellas, directo o indirecto claro. No ocupo ir a París para saber que ahí está la consabida Torre Eiffel, ni (la verdad) ocupo ir al mercado central de San José para conocer el precio promedio de un casado.
El conocimiento, como la ignorancia, nos llega o se nos va con no muy particular atención: estoy seguro que en algún momento de su vida, si recibió educación química en el colegio, supo el valor correspondiente al peso atómico de alguno de tantos elementos de la tabla periódica, aunque (salvo que en su día a día trabaje con ello) difícilmente ahora recuerde el dato.
No es que un candidato a presidente deba saberlo todo (candidato, ojo) respecto al día a día del pueblo a quién aspira representar. Pero, tanto por sentido común como por empatía, debería hacer un esfuerzo por conocer a su gente. Sabe, por desdicha, que esto no es lo que se dice indispensable: los votantes no son precisamente los más críticos en su mayoría, usualmente sacrificarían el bien común por una calza en la muelita. Ojo, no los critico: ciertamente la atención dental en CR es cara, una oportunidad así no se dejaría pasar.
Me han molestado más los comentarios del tipo de “para presidir no hace falta saber eso” que las mismas declaraciones de un candidato a quien tengo en poca estima. Coincido con muchos en algunos comentarios que leí: grave fallo no admitir no saber, que por otro lado no es pecado, pero el que a sabiendas de no conocer lo intenta para ver si pega, eso si asusta. Me hace recordar aquello de dirigir al país a punta de ocurrencias, ensayo y error, situación que pareciera normal para el gobierno de CR actual, pero que deseamos cambiar.
No ser lo suficientemente sensible como para saber cuánto tiene que desembolsar el tico promedio para poder vivir (el político rico promedio deja que pague el pueblo). Tener a cargo gente y no saber ni siquiera la fecha de pago máximo de los aguinaldos (esto lo sé desde un curso básico de leyes que llevé hace ya varios años en Contaduría). No saber cuánto cuesta el litro de combustible, para alguien que anda en vehículo, no sería precisamente una opción. Hablemos de valores redondos, no ocupamos precisión. Sería como viajar en autobús y no saber cuánto cuesta su respectivo pasaje. Lo del actual líder del campeonato nacional, igual, lo dejamos en el limbo, no es información importante, pero si se escucha al pueblo se sabe. Eso o sí se ven noticias. Lo de la religión ya es para tocar emociones, obvio, muy gracioso por cierto que de todos no sale un solo practicante, mayoría solo católicos (en este caso) por interés político.
Hoy por la tarde intentaría buscar el casado a mil, pero no lo encontraría, lo más esa promoción de broma de BK (aprovechando el espacio para decirlo claramente: es más barato comer mal que comer bien). Dejemos de pensar en presidentes y comenzamos a pensar en estrategas. Un estratega no debe saberlo todo en todo momento, claro, pero debe saber lo importante en el momento correcto. Debe entender a la gente a la que representa, a la gente a la que aspira representar, debe ser un poco más humano.
No es cuestión de regalar el salario o usar corbata, estoy seguro que cualquier tico aceptaría que se le pague el doble de salario al presidente si este, a cambio, se comprometiera con el pueblo en su labor, dejando de lado cualquier interés personal o empresarial. Es cuestión de ser un poco más humano y razonable.
La historia del casado a mil nos deja con la duda, así nos ve el político promedio.
RQR