M de Misterio.

M de Misterio.

Si tomamos al grey y lo reducimos a su mínima parte, la persona, tenemos una de dos: o visualizamos con mayor claridad conceptual la naturaleza básica del individuo (condición por naturaleza extendida al resto) o declaramos desierta cualquier potencial generalización por la vista, ineludible, de comportamientos únicos y en apariencia irrepetibles. 

Este segundo caso, comúnmente, me resulta más interesante: cada uno se sabe único y defiende dicha característica que, por demás, no le conllevó costo alguno. No es queja, sino observación. Si tenemos a cien personas, a modo de ejemplo, es difícil que una para con el resto comparta, al menos, 10 o 15 características particulares difíciles de encontrar. Pero sería casi obvio, aún para el observador poco adecuado, ver que reduciendo el número de características en juego (de 15 a 2, por ejemplo) la gente comienza a parecerse más en menos. Más o menos una masificación del detalle particular minimizado. Podemos incluso sostener el número, decir 10 o 15 no suena tan grave, siempre que aumentemos la población en estudio. Las posibilidades que tenemos de asimilarnos a otros en equis o ye aumentan de forma paulatina con la posibilidad real de compararnos con cada vez más personas. 

Ya lo sé, esto no es en lo absoluto agradable. Nos gusta sabernos seres únicos (que lo somos) pero quizá esta cualidad es, justamente, la que nos reduce dentro de un conglomerado: en un mundo de seres únicos, somos uno más. El fenómeno contracultural tiende a intentar contener este tipo de realidades rampantes: podemos, al cobijo de un grupo más reducido, proclamar libertad extendida de cualquier otro mega grupo. Sin embargo, como cualquier connotación sociológica amplia, esto habla no del individuo sino del individuo dentro de su pluralidad grupal extendida. Lo que mostramos no siempre refleja lo que realmente somos, verdad sabida de años. El grupo es para el ser humano su nueva tribu, dónde ve apoyo y comportamiento similar, pero nunca por eso puede negar sus deseos o instintos más básicos, y claro que no hablo solo de sexuales, sino psicológicos. 

La masificación del ser, con esa M de Misterio que inquieta con el pasar de los años, nos recuerda que por más especiales que seamos, por más característicos que (cierta o falsamente) seamos, por más lo que sea que nos tengamos aprecio propio, no dejamos actuar como entes representativos, de una realidad creada por nosotros, a nuestro antojo, pero que no logramos controlar. Es un tema recurrente, excuso la molestia, pero no me deja de inquietar. 

El mundo, en ocasiones, nos oprime. No podemos dejarnos, este mundo, por más grande representativamente que sea, no deja de ser chico. 

RQR

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