La caída de un grande

La caída de un grande

Eran tiempos de crisis rampante, todos sabían que las cosas irían mal, pero realmente no sabíamos que tan mal ni que tan profundo sería el efecto recesivo sobre la economía. Esta es una historia corta de un suceso banal, pero interesante. Es sobre stocks, ya va siendo la tónica, sin embargo me gusta que hablar de stocks es hablar de naturaleza humana, agrupada, desesperada. Definir, en primer lugar, que de los múltiples tipos de stocks debemos delimitar dos principales: los de menos de un dólar y los de más de un dólar. Entre ambos la variación es notable, los costos de operación varían, los fees varían, la naturaleza del movimiento cambia, etc. Eran aquellos días difíciles para Citigroup, la crisis inmobiliaria les había, básicamente, escupido en la cara. El valor de la acción había caído ya bastante y recién estaba por debajo de los dos dólares, eran días convulsos, insisto, podría pasar cualquier cosa. El especialista hacia lo que podía  que era básicamente nada. Una regla universal del comportamiento humano para nunca olvidar: no existe ningún grande que logre defensa alguna, durante mucho tiempo, contra un grupo enorme de pequeños. Siempre ganan los pequeños si son más. Solo que no siempre lo saben. No tardó ni tres horas en llegar al límite psicológico del dólar, hace ya varios días las ventas en corto se habían restringido, pero aún así la gente seguía vendiendo. Miedo. Así se sentía. Durante esos cien centavos de dólar se fueron destrozando, poco a poco, miles de posibles barreras. Sin importar cuánta gente estuviera dispuesta a comprar, alguien les vendía, era una locura. El pánico de la venta, le podemos llamar. Nadie quiere tener esa papa caliente. La barrera del dólar, sin embargo, estaba ahí incólume. No estamos hablando de suma menores, estamos hablando de compras únicas, por un trader, de uno, dos, tres, quince millones de acciones a 1.01. Adicional a la cantidad vulgar de gente ofreciendo comprar a 1.00. Pudo estar ahí hora u hora y media, no era mentalmente posible un descenso, era Citigroup, ese stock nunca había tocado ese piso. Y entonces, como si nada, sucedió lo inesperado: sin importar cuánto robot, sin importar cuál resistencia, sin importar nada de nada comenzaron a aparecer ventas directas de cifras increíbles, veinte millones de acciones, treinta millones, veinte millones de nuevo (solo tomar esa posición costó cientos de miles de dólares a sus artífices) pero no quedaba otra, la gente vendía, no tenía otra opción, algunos pequeños se sumaron a la fiesta, era un espectáculo digno de ver. No tardó ni diez segundos en aparecer el primero en cruzar el mercado. Se cruza el mercado cuando se ofrece vender y comprar al mismo precio, pero en diferentes vías. Es como querer vender una papaya a mil colones en San José, pero ahí solo me ofrecen 950. Pero de repente me llaman y me ofrecen los mil que pido, pero en Alajuela. Esa es la idea, el mercado solo se cruza por algo. Pudo bajar veinte o treinta centavos, desde un dólar, era una locura. La gente tenía terror, no se sabe de qué, pero tenían terror. Bueno, los pequeños. Los grandes posiblemente reían. La pequeña barra que indica compras en el tiempo tenía largas rachas de rojo y verde, compra, venta, compra, venta. No había dirección, había canibalismo. Sálvese el que pueda.
Unos veinte minutos después el stock volvía a un dólar exacto, y ahí se quedaría hasta poco antes del cierre.
Los stocks reflejan tanto de la vida que, quizá, por eso me llegaron a encantar: nos enseñan que la gente tiene ideas sobre lo que debería (debería mantenerse), que intentarán a todo costo mantenerlo (límites ficticios en una caída libre), que llegado cierto punto de tranquilidad emocional sabrán detenerse (un dólar), que sentirán seguridad en su barrera creada (nada baja de un dólar así porque sí), que intentarán unirse a la tendencia dominante (nadie compra treinta millones porque sí de algo), pero que en el momento de los golpes bajos (un mercado que comienza a crecer en ventas) y el fatal golpe final (el mercado cruzado) correrán como conejillos asustados intentando resguardar lo más que puedan (vender a cualquier costo, pero vender), en el río revuelto de los stocks no siempre se gana, es ahí dónde comienza el “hagamos lo posible". Pero al final, casi por regla tácita, todo intentará volver al estado de más tranquilidad emocional. Las emociones fuertes encantan, pero desgastan. Justamente, amigos, como en la vida.
Olviden eso de plantar un árbol o tener un hijo, no dejen nunca pasar la oportunidad de ver el pulso vital de un conglomerado de gente negociando stocks, debe ser de las experiencias más fuertes de toda su vida. Ya cuando se dejan de ver level2 y TAS y se comienzan a ver miedos y oportunidades. Es mágico, no exagero.

RQR

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