Los niños y las niñas.
La misma banda que nos enseña desde 1984 a no sentir lástima por las minorías nos recuerda, en su preciado track de Tohivabohu, lo mismo que defienden los fatalistas del comportamiento humano inmisericorde: el hombre nace malo y la sociedad no hace más que confirmar esa maldad.
Los mismos que juegan en el parque, van paseando, se dan la mano, desean caramelos y tantas otras cosas son los mismos que, a la postre, perderán la inocencia, prenderán cigarrillos, jugarán con bombas, desearan dinero a cualquier coste. No son palabras mías, pero explican el concepto.
La ventura los deja tener esa oportunidad de inclinarse por uno u otro bando, la mayoría acaba eligiendo el vicio. Así somos, no pasa nada. Todo menos inocentes.