La instauración del orden
Si el factor limitante del tiempo no fuera uno de los principales problemas a considerar ya habríamos resuelto muchas de las situaciones, que no catástrofes, del diario vivir. El tiempo se convierte, con los años, en el principal activo (y el más codiciado). Con suficiente tiempo podemos hacer cosas sorprendentes, y en el fondo todos queremos sorprender, aún a nosotros.
Recién casada su pequeña presa el diminuto pajarillo se acababa de posar en la rama de la conífera más alta del parque, el primer “crack” de hace unos segundos no le inquietó tanto, viviendo dentro del bosque se pierde el miedo al ruido. El pequeño gusano, presa de aquella noche, hace ya unos minutos puesto a mejor vida había dejado de temer por un momento como aquel, le había llegado su hora y nadie lo ayudaría, dejaría atrás todo lo terrenal para ayudar a la preservación de la especie de ave en cuestión. Varios ciclos que se comenzaban a intersecar con genuino garbo. Varios cientos de metros más arriba lo que podría llegar a ser una tormenta de proporciones considerables se gestaba, de forma autómata, claro. La ventana de la habitación estaba cerrada, pero la temperatura subía, nadie quiere en ese tipo de momento más temperatura elevada que la generada por dicho encuentro. La ventana se abrió pero la cortina de corrió, el buen recelo de la privacidad siempre se mantiene. La primer gota de la que sería una auténtica tormenta tocaba justo el marco de la ventana cuando el destello imprevisto, como cualquier buen destello, alcanzó los ojos entre abiertos de ambos ocupantes. A ojos de buen observador la luz y el gran “crack” vinieron de la mano, fueron solo décimas de segundo después del “crack” anterior, el silencio absoluto imperó durante esas décimas de segundo que nadie considera antes del caos. El gran pino se estremeció, como nunca había hecho y haría ya después, el ave, recién alimentada por el gusanillo venido a menos supo de inmediato lo que correspondía hacer, irse antes de los problemas. No había terminado de llegar el destello a los ubicados detrás de la ventana cuando el estallido sónico del rayo, a conveniente match, hacia vibrar el vidrio recién corrido. Tanto duró el ave en volar como nuestros individuos aislados en temer por el ruido, vendría luego otro un tanto más fuerte pero no se sabía todavía. El “crack” definitivo no era otro que el último intento del árbol por mantenerse en pie, imposible a todas luces, el fuego como el tiempo y la electricidad suelen acabar con básicamente todo. La caída tuvo que durar más o menos lo mismo que nuestro sujeto en llegar a la ventana para cerrarla y tener que espantar al pajarillo recién puesto en el marco, ya bastante más que mojado por todas las que vinieron después de aquella primera gota. El sonido fue seco y rápido, pero algo había sucedido. Como un árbol derribado, le dijo. Un nuevo pequeño ciclo de aparentes coincidencias que se cerraba.
Para mañana el árbol sería recogido, los ocupantes separados y el pajarillo buscaría nueva y mejor rama sobre la cual posarse. Ya nadie piensa en el ruido o el gusano, así es nuestra escala de valor.
Instaurar el orden es una práctica no sistemática, pero si clara, tomar lo inconexo, generar ilaciones, conseguir resultados. Descartar lo de menor cuantía, pero nunca olvidar. Así está la cosa.
RQR