Ultra natural.
El ser humano como elemento racional, pero indómito, no deja de ser tema peliagudo de conversación. Estamos en la cúspide de una pirámide que nosotros mismos inventamos, así es sencillo estar en la cúspide, y aún así nos intentamos devorar entre nos día a día. El caníbal de otrora, al menos, era un poco más honesto en sus fines. El tema del quiebre me comenzó a inquietar con la obra de Puzo, no es regla escrita ni en borrador pero es tácita norma que cualquier hombre en edad adulta que no leyese al menos por encima El Padrino ha dejado pasar cierto grado de conocimiento que de ninguna otra forma adquirirá de no ser, claro, leyendo la citada obra. Pasa lo mismo que con las obras ilustres de estrategia, entre ellas El arte de La Guerra.
La palabra del mes es básico, y siempre me preocupo por las palabras del mes, siempre traen algo entre letras.
Pensemos que somos líneas amarillas contiguas, paralelas. La naturaleza de las líneas es recorrer trechos largos sin rozarse, es su naturaleza inducida y por ellas aceptada, no podemos ir más allá de eso. Los efectos de intersecar las líneas serían poco menos que catastróficos: está escrito no debería suceder. Veo que, sin embargo, las líneas continuas de pronto tornan en no continuas, los saltos son pequeños, de forma aislada siquiera se consideran, tienen un efecto práctico bastante claro, permitir pases y rebases, añadir lo que de otra forma no sería aceptable.
Las líneas, sin embargo, no piensan. Obviamente. Son creadas y existen durante el tiempo que se les permita, por eso nadie las respeta en serio en el fondo el tiempo las acaba.
Este no dejará de ser el típico comentario nacido a la luz de un viaje en carretera. Evidente.
Me debería comprar un Camaro e irme a recorrer Arizona. Quizá después, hoy no es el día.