Lo Insoslayable.

Lo Insoslayable.

¿Les ha pasado que comienzan a escribir pero olvidan cómo? a mi sí, no de forma ‘normal’ pero me ha pasado. Yo digo que es por la estructura, lo estructurado siempre cuesta más que lo aleatorio. Quizá ni siquiera es costo en sí, el costo es mínimo cuando la intención lo puede. 

Cada vez que lo logro me sorprendo, cada vez más de contemplar al ser humano en su salsa. No deja de parecer increíble la naturaleza del ser ante una vida conductual. Nos sabemos capaces, pero nos olvidamos ignorantes. Cada cual en su zona de control dónde su cosmos se divide entre real e irreal. Nuestro cosmos es tan grande que lo olvidamos, junto con otras cosas que olvidamos por mera estrategia. 

Como decía Pascual Duarte, no soy malo, pero no me faltarían motivos para serlo. Conociendo sus aventuras, viene a mucho más que menos todo esto. Pero no es lo que nos ocupa. Nunca es lo que nos ocupa, por eso es tan difícil llegar al centro.

La naturaleza es algo que se debe aceptar para controlar, no negar para olvidar. El olvido es fuerza vigorosa pero poco diáfana. Y a cualquier fuerza que no lo sea hay que tenerle cautela. Hay cosas que no son negables porque se sabe que no son generalidades. Las generalidades se quitan solas, porque -cualquiera lo sabe- cualquier generalización es molesta, aún las acertadas. 

Me gusta la palabra que no se deja domar, mal la uso, pero bien la empuño. Hay cosas que se dicen cómo se puede porque no se puede cómo resulta. La naturaleza de los fenómenos insoslayables tan venidos a menos. Quizá por eso nos gusta soñar, sentarse en el gran sillón de la serie de cinco, sentir el frío desierto y la presencia magnánima que no hace recordar que somos lo que hacemos en vida, cuando vida es antítesis de sueño, no de muerte. 

Y así por los siglos pensando que, quizá, ayer habría sido un buen día. Hoy, este, mañana, mañana no aplazable, ese es buen día.

No nos dejemos retorcer, no estamos solos.

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