Eventos

Eventos

Los eventos forman parte de nuestra realidad. La gente gusta de recordar eventos, lugares, personas y sentimientos. Eso y otras cuantas cosas, claro, tampoco es que quiera limitar(los). De conformidad con lo esperado los eventos no siempre son queribles. Recordables. Apreciables. De la infinitud de eventos que cruzarán su vida con la nuestra solo una exigua parte será por nosotros considerada como especial. Especial, importante, valiosa, significativa, da igual la palabra con la que se designe, si el punto es el mismo.

De cómo somos artífices de nuestro pasado, presente y futuro. Como una vez escuché con los adultos pasa como con los niños, a menudo nos queremos preguntar qué seremos cuándo crezcamos (más) pero, raramente, nos preocupa detenernos a pensar que ahora mismo estamos siendo algo. Bueno, malo, inconcluso, somos algo. Una considerable parte de lo que somos la tratamos por nuestros propios medios, ni más faltaba, otra viene dada por las circunstancias que nos rodean. Circunstancias, estas claro, por completo modificables. Pensar que el mundo se confabula en nuestra contra, en la actualidad como en el pasado, es uno de los pecados más normales de ver pero menos comunes de atacar. Sabernos, o creernos, lo suficientemente especiales para que el Universo se preocupe por nuestra ruina, es, señores y señoras, una completa desproporción. Teórica y práctica. Como dicen, cada uno de nosotros es un ser único en todo el universo (como cualquier otro, que no sea clon, añado). Poco queda a la suerte cuando no le damos campo a esta. Algunos nacen con la barra de fortuna un poco más llena que otros, quizá esta misma fortuna es la que los lleva a, justamente, atraer más y más porque, en el fondo, todo es atracción. Y no lo oculto, porque los que me conocen saben que soy un defensor de la Ley de La Atracción. Había una frase de Ortega y Gasset que tenía por regla de vida hasta que se me demostró que, para él, no era lo que para mí. Pregúntenme si me importa. No es que no me importe la postura del gran escritor, sino que me importa más lo que para mí podría, o no, dejar de significar. Nosotros somos los únicos encargados de guiar nuestro camino hacia uno u otro evento. La ayuda en estos menesteres siempre es bien recibida, pero no siempre estará disponible, es por ello que debemos estar listos para comenzar la empresa aún en solitario. A menudo se me dice que se trata de ser optimista, pero no es suficiente en períodos de calamidad o angustia porque, señores y señoras, todavía queda gente que piensa que Atracción es pensar positivo, ser positivo únicamente. Já. Se ignora todo el trasfondo, toda la verdad de saber que para obtener algo siquiera falta ser optimista sino saberse dueño de la cosa apreciada. Sea cual sea. Ayer vi el Ciudadano Kane. Entre ayer y hoy. Tarde o temprano en la trama, con un guión majestuoso, aprovechó más de un momento para recordarnos que somos nosotros los únicos dueños de nuestro destino: «No es tan difícil hacer dinero cuando es sólo hacer dinero lo que se pretende». ¿Quién puede contra eso? Nadie. Si es que resulta ser eso lo que le interesa, como (posiblemente) a un 97.2% de la humanidad. Una vez dije a una persona, en especial situación, que la vida se mantiene por momentos. Que sin momentos la vida no tendría sentido. Ahora, más que antes, lo sostengo. No tengo salida. Lo malo de los momentos, como de los eventos, es que nacen limitados en el tiempo. Porque si existe algo cruento en este mundo, eso es el tiempo. No es que sea culpa de él. El tiempo siquiera existe, pero su percepción (para nosotros) es abrumadora. Mil veces repetida, que repetir tiene su gusto también, el tiempo lo destruye todo. La roca. El acero. El diamante. La fe. La esperanza. El amor. El armatoste más fino. El armatoste más corriente. La bolsa de plástico. El pensamiento. La vida. La noción de muerte. El tiempo es, por tanto y según mi arriesgada falacia (que hoy no trato de convencer), nuestro principal aliado y detractor, simultáneamente. Sin siquiera existir claramente, más que como una distorsión de nuestro espacio, el tiempo forma parte de nosotros y de los eventos que atraigamos. Atracción, de nuevo. Nacimos en uno u otro año y entonces comenzó la carrera contra el tiempo dónde, el tiempo (siempre ganador) nos deja de común aparentar tomar ventaja. Decía una Rata sabia de la que me enamoré hace ya algunos años que el principal inconveniente del ser humano, lo que lo estaba llevando a su ruina, era saberse eterno en el tiempo, aun sin serlo. La eternidad es un concepto muy abstracto como para depender de él. Hay que sabernos siempre limitados en el tiempo, sin que ello sea carga. No hay por qué. Pero tomar noción de la realidad de nuestro rol en este mundo. Nuestro rol, el que nosotros queramos. Tampoco es que nazcamos con el grillete de la desgracia a cuestas. Comencemos a vivir eventos, momentos, sensaciones, lugares, personas y semejantes. El tiempo se encargará de acabarlos cuando corresponda, ni un segundo antes, ni dos después. No porque sea sabio, sino porque sabe que siempre nos tomará ventaja. Después de todo, no existe. ¿Cómo competir contra algo que no existe?

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