Arte contemporáneo
Mi valoración artística, al tenor de mi exigua educación a este respecto, siempre me ha hecho relativamente invulnerable a las manifestaciones de la belleza vista desde la óptica popular.
No me ayudó a esto, particularmente, inclinarme por el dadaismo tardío y comenzar a leer a Tzara. Pero esa es mi historia personal, y la cito únicamente como trasfondo, no como punto de especial relevancia.
No me llevo precisamente con el arte consentido, el arte convenido no por su belleza o no sino por su valor instaurado y ganado de formas extrañas. Que este murió, entonces ahora aquella obra vale más. Que este la firma como Picasso, entonces debe forzosamente ser más que aquel que firma como López. El Grey siempre suele dejarse llevar por las ideas instauradas y puestas, a pesar de su latente desconocimiento general de una serie de teorías que, al margen de viles y absurdas, resultan valiosas para los entendidos. Pero no El Grey. A ellos se les hace más sencillo, como cuando se sientan frente al televisor a aprender y conocer el mundo, aceptar las nociones artísticas desde la ilusa posición que indica que arte es lo que se nos muestra en un paquete. No importa el nombre, póngale a este FIA, añádele #hashtag, y suba a Facebook la foto de rigor de lo bello que le resulta este, de lo bien que se siente estar rodeado (por una vez en su vida, acaso) de algo socialmente aceptado como artístico y vivirlo no desde una posición sensible sino desde una posición ruidosa, que el arte no es tal si no hace ruido.
No sé, resultará pesado para muchos, y está bien. No trato en esta ocasión de ser condescendiente con lo que considero absurdo. No viene esto, claro, de un odio o rechazo innato al pueblo, el pueblo es masa maleable al gusto de los frentes de poder, sino queja directa a la latente falta de crítica artística de un pueblo que prefiere comer algo que ya masticaron por ellos.
Al final de cuentas la cuota artística del promedio se llena con una visita, selfie y gusto demostrado por lo que un grupo, manifiesto y masificado, considera vale la pena -que eso resulta- observar.
Despierten gente, no solo por el arte que lo dice un dada parasitario, sino por sus propias convicciones.
Una golondrina jamás hizo verano, y así seguirá.
RQR