Archivo de la Categoría “Relato”

«La felicidad real siempre aparece escuálida en comparación con las compensaciones que ofrece la desdicha»¹
—Aldous Huxley
Brave New World


Le tableau de Raoul Hausmann (1886-1971): DaDa-Cino

La conducta no ha debido ser lo que se dice ejemplar; de haber sido este el caso, la reprimenda —bien trocada por halago— no vendría a herir el lóbulo de mi mancillada ojera derecha —que aún tan poco agraciada parte de nuestra anatomía guarda su honor—. Si mal no recuerdo, que recordar mal es mis peores vicios, el detonante de mi desgracia —la terminología épica siempre me ha atraído— fue el no poder, ni querer, aplazar la amena e ingenua plática matutina hasta el primer mal llamado espacio de recreo. La cosa es, en pocas palabras y sin más detalle, que hablé en clase —talvez un poco más alto de lo debido y permitido— y que el agudísimo oído de la dulcemente llamada Niña, bien conocida tirana, dadora de justicia y repartidora de sapiencia, percibió con celeridad e ira mis muestras de temprana irreverencia; con todo lo cual, acorde a la instrucción clásica, con la que —por dicha o desdicha— se me educó, concluyó en el aludido jalón de oreja (o de orejas, que pensándolo bien, la izquierda igual o más sufrió).

Tan poco agraciado relato, de tan poca agraciada cuestión, tiene su claro y explicable motivo: ¿Cómo es que se le castiga el ser humano por algo que la sociedad misma le ha enseñado a hacer?
Recuerdo aún mis no tan lejanos años mozos de escolar donde, ataviado con el uniforme de rigor —que sobresalir, o querer hacerlo, era síntoma de rebeldía—, se me satirizaba desde el vil escritorio por mis algo desfasados minutos de convivio. Bien sabido es por mi, y negándolo sólo conseguiría errar fuerte, que la poca melodiosidad de mi voz, más allá de generar posibles momentos de paz angelical —si es que la figura explica lo que la realidad no demuestra— en mis circundantes compañeros, podría llegar a molestarlos, des-concentrarlos, enajenarlos, enloquecerlos o hasta —problema grave— incitarlos a tomar mi determinación. Por lo anterior era que los ciclos de vocalización se caracterizaban por efímeros y puntuales; del tipo «viste a la nueva compañera…» y casi con inmaculada periodicidad dichos en susurro. No obstante, era suficiente para causar desestabilización.

No he podido, asimismo, olvidar las típicas reprimendas paternas post-reunión-entrega-de-notas: «Buen muchacho y aplicado, pero habla mucho en clase» y sus ulteriores modificaciones que comenzaron en «mantiene el rendimiento y ya habla menos» y concluyeron en un «excelente alumno [el término excelencia jamás fue bien concebido por los amigos del conocimiento] y ya no habla»… pues, créalo o no, los constantes regaños y jalones de orejas —que por suerte el maíz en las rodillas y la regla en los nudillos no llegó a traumar mi infancia— logran amansar a casi cualquiera.

Lee el resto de esta entrada »

Comments No Hay Comentarios »

¡Viva Dalí!Antes que nada —y para evitar altercados—: no, no hablo de este … and justice for all. A decir verdad, siquiera escucho normalmente a esta banda que, aunque me parece buena (en lo respectivo a ese álbum al menos), no está actualmente dentro de mis principales gustos.

Siquiera, quede claro, trato de hacer que la entrada hable de justicia. Siquiera, aún más claro, trato de moldearla anticipadamente. Justo de eso no hablaré.

A título personal, más que el contenido como tal, se me tiende a dificultar la titulación. ¿Titulación? Creo que el término no va, pero es tarde, ya se escribió. Soy malo, es bueno sincerarse, colocando títulos. Redactar es relativamente complicado, claro, pero no como poner títulos. Poner títulos es de gente común, poner grandes títulos es de gente excepcional, justo acá me entero que pertenezco —sin dejo alguno de pena— al primer grupo. Mi estrategia, como es de esperar, ha sido sencilla pero —según yo— eficiente: redacto antes de titular, luego el título se elige, casi al azar, casi de forma premeditada, una vez que se tiene el escrito, a nadie le importa el título. Quizá por eso, para variar un poco, rompo la norma personal y hago las cosas al revés: titulo primero, escribo después. Lo bueno es, eso sí, que este trabajo no tendrá calificación, siquiera será leído posiblemente, pero estará. Y estar, es lo que importa. Comúnmente, desde luego.

Ocasionalmente se coloca en manos de cada uno de nosotros una balanza. Ocasionalmente, asimismo, se nos permite influir en el grado de inclinación de dicha balanza. Decía un señor que debió llamarse Stanislaw Jarey o algo así —odio olvidar la referencia, pero pasa— que todos somos iguales ante la ley pero no ante los encargados de aplicarla. Esto, además de quizá algo escandaloso para los menos tolerantes, me tiene sin cuidado alguno. Y sí, ya sé que la última línea no tiene un sentido racional claro, licencias que cree uno poder permitirse. Por unos segundos, no muchos que no queremos molestar, le pido que me permita dibujarle sutilmente una situación. Sino lo permite igual lo haré, pero quería advertirle :)

Lee el resto de esta entrada »

Comments No Hay Comentarios »

Costa Rica: Sociedad AnónimaDe la injusticia, lo justo y lo injusto tengo mis propios preceptos e ideas; quizá, así de sutil es el engaño, muchos de ellos no sean resultado directo de cavilaciones personales prolongadas o diatribas contra —que no con— mi alter-ego, algo inconforme, y terco como mula (esta última personificación, admito, empleada a priori y sin ningún fundamento particular; de llegar a realizar el correspondiente experimento con una mula voluntaria —cosa nada sencilla de lograr— prometo mantenerle actualizado/a) sino de —estimo— opiniones comunes, no por ello válidas o erróneas, sobre tópicos innumerables. En cualquier caso, y sea por el móvil que sea, mi posición x con respecto a un motivo cualquiera y interseca en una idea x,y la cual, si bien pudiendo desplazarse por las abscisas o crecer por las ordenadas, decide mantenerse fija; sólo, talvez, variando en z que, muy a propósito, representa la profundidad.
Con pizca alguna de perspicacia pudo usted ya percibir la tesis que, hasta ahora, sugiero; de no ser así, se la transcribo textualmente (a la vez que trato de disculpar mi irrespeto hacia Vd., lector, enfrentado a mi poco clara sintaxis): tolero cualesquiese opiniones, siempre y cuando éstas no interfieran con las mías. No es egoísmo, es una actitud.
Podría, de querer y deber, explayarme más en mis motivos; no obstante —como de costumbre— se cumple a y no be lo cual, todavía queriendo, me imposibilita actuar respecto al segundo término.
Ahora, no por lo anterior tendré —obligatoriamente— que perder objetividad en mi análisis; más bien, es mi firme objetivo, no ver entorpecido el presente relato con distorsiones de la realidad. Como en otros, procederé con milimétrica cautela… bueno, al menos de eso se trata.

Lee el resto de esta entrada »

Comments No Hay Comentarios »

Tristan Tzara Arcképe.Tihanyi Lajos. 1927. Hungría.

Tristan Tzara Arcképe. Tihanyi Lajos (1885-1938). 1927. Hungría.

La magia de una palabra —DADA—, que ha puesto a los periodistas ante la puerta de un mundo imprevisto, no tiene para nosotros ninguna importancia.
Para lanzar un manifiesto es necesario: A, B,C. Irritarse y aguzar las alas para conquistar y propagar muchos pequeños y grandes A, B, C, y afirmar, gritar, blasfemar, acomodar la prosa en forma de obviedad absoluta, irrefutable, probar el propio non plus ultra y sostener que la novedad se asemeja a la vida como la última aparición de una cocotte prueba la esencia de Dios.
En efecto, su existencia ya fue demostrada por el acordeón, por el paisaje y por la palabra dulce. Imponer el propio A,B,C es algo natural; y, por ello, deplorable. Pero todos lo hacen bajo la forma de cristal-bluff-madonna o de sistema monetario, de producto farmacéutico o de piernas desnudas invitantes a la primavera ardiente y estéril. El amor por lo nuevo es una cruz simpática que revela un amiquemeimportismo, signo sin causa, frágil y positivo.
Pero también esta necesidad ha envejecido. Es necesario animar el arte con la suprema simplicidad: novedad. Se es humano y auténtico por diversión, se es impulsivo y vibrante para crucificar el aburrimiento. En las encrucijadas de las luces, vigilantes y atentas, espiando los años en el bosque. Yo escribo un manifiesto y no quiero nada y, sin embargo, digo algunas cosas y por principio estoy contra los manifiestos, como, por lo demás, también estoy contra los principios, decilitros para medir el valor-moral de cada frase. Demasiado cómodo: la aproximación fue inventada por los impresionistas. Escribo este manifiesto para demostrar cómo se pueden llevar a cabo al mismo tiempo las acciones más contradictorias con un único y fresco aliento; estoy contra la  acción y a favor de la contradicción continua, pero también estoy por la afirmación. No estoy ni por el pro ni por el contra y no quiero explicar a nadie por qué odio el sentido común.

Samuel Rosenstock, c.c. Tristan Tzara

De una u de otra forma Dadá logra cambiar ciertas percepciones que de otro modo permanecerían estáticas; de ahí su valor, el valor personal que yo le confiero. El Primer Manifiesto Dadaísta (1918), completo, se puede descargar desde acá [PDF]

Comments No Hay Comentarios »